Dónde, por qué, cómo, qué y quiénes. Saber responder correctamente a estas cinco preguntas puede ayudar –y mucho– a resolver las dudas de aquellos que en alguna ocasión han pensado en comprar arte. La inversión en arte y antigüedades tiene sus propias reglas. Ver mucho arte, contar con buenos asesores, estar al día del mercado y tener una buena formación en arte, mercado y coleccionismo son algunas de las obligaciones del coleccionista para garantizar la viabilidad tanto artística como económica de una colección de arte. Daniel Díaz, asesor en inversión en arte y subastas de WeCollect Club y fundador de invertirenarte.es, analiza en este curso las posibles respuestas a todas estas cuestiones.

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Lo primero de todo, ¿cómo se fija el precio de una obra de arte? ¿cuánto debemos pagar por ella? Para responder a estas preguntas, hay que analizar todas las variables que influyen en el precio final de una pieza: mercado, precio, producto, autor, valor, oferta, demanda… Según Daniel Díaz, “una cosa es el valor de una obra de arte y otra muy distinta su precio. Mucha gente lo confunde y piensa que lo que vale es aquello por lo que se paga mucho, y con esta afirmación hay que tener mucho cuidado. Como compradores, hay que tener un criterio y aplicar nuestra crítica para intentar valorar y poner en su justo precio aquello con lo que estamos tratando y viendo”. “Es muy conocido el caso de Van Gogh, que en su día no vendió nada y ahora el precio que tiene es altísimo. El valor se presuponía pero ahora se le pone precio. Morandi es otro caso parecido, no lo conocía nadie y estaba abandonado, hacía su obra y le daba igual vender o no. Pasado el tiempo, el mercado lo reconoce y paga cantidades verdaderamente astronómicas por su obra. Pero el valor ya lo tenía”.

El mercado mundial del arte mueve 51.000 millones de euros al año. Por algo será. El resultado de la crisis económica en tantos sectores está generando una escapada de las inversiones a las llamadas ‘passion investments’, una alternativa en bienes tangibles que no se rige por cifras y porcentajes, o no solo. Una de ellas, el arte –que supone aproximadamente el 25% del total de estas inversiones–, se ha convertido en uno de los negocios más rentables a medio y largo plazo. El mercado internacional del arte se encuentra en un momento exuberante; las carteras apuntan a él. Las casas de subastas más importantes, Sotheby´s y Christie´s, están fulminando todos sus récords y los artistas consagrados revalorizando su cotización día a día, alcanzando cifras impensables hace pocos años. “El mercado del arte al final es mercado. En la medida en que hay demanda y no hay oferta, los precios suben. Al revés igual, que es lo que ha pasado en España en los últimos años. Desgraciadamente, con la crisis mucha gente ha tenido que vender, por lo que ha habido una cierta saturación de obras y los precios han bajado”, comenta Díaz.

El sistema actual del arte tal y como lo conocemos está cambiando. “El mercado del arte que ha venido funcionando desde el siglo XIX está en crisis y ahora mismo nadie sabe por dónde va a salir. Los límites de los mercados primario y secundario se están diluyendo y el papel de galerías, casas de subastas, artistas, comisarios, críticos y museos también. Todos estamos de acuerdo en que el sistema tal y como ahora lo conocemos no va a perdurar pero nadie tiene todavía la varita mágica”.

En este contexto actual, el trabajo personal del coleccionista es fundamental para forjar una buena colección. Existe un enorme esfuerzo detrás de cada compra de formación, de búsqueda de nuevos artistas, de educar la mirada, de leer, viajar, escuchar y, sobre todo, aprender. “Cuando hablamos de mercado del arte, hay un problema que conocemos como ‘las asimetrías del conocimiento’: determinadas personas saben mucho y otras muy poco. El conocimiento es poder y los que cuentan con ese conocimiento son capaces de comprar y vender mejor”. En este caso, la formación y la dedicación del artista suelen marcar la diferencia de unas colecciones a otras.

Pero, ¿por qué se compra arte? Según Daniel Díaz, existen dos razones fundamentales por las que la gente adquiere arte: por inversión y por pasión. “La vertiente de pura inversión es algo relativamente nuevo, antes se buscaba el disfrute personal, puro placer; sin embargo, ahora hay una parte importante de coleccionistas que compran por inversión. Hace unos años, las inversiones estaban en el mercado bursátil, financiero o inmobiliario, pero con la crisis la gente se ha dado cuenta de que son peligrosos y se ha puesto en valor la tercera gran inversión que siempre ha sido el arte. El gran problema es que muchos creen que el arte es una inversión segura. Y es segura si se hace bien; si no, no”.