El orden de lo imaginario es, como anuncia el subtítulo de la exposición, “una suerte de retrospectiva” de Guilllemo Pérez Villalta organizada con motivo de la incorporación del artista a la Galería Javier López & Fer Francés, para la cual se han reunido desde obras y series ya históricas hasta algunos ejemplos de su trabajo más reciente. La obra sobre papel y el dibujo conforman los ejes principales de la muestra, reuniéndose bajo tal premisa algunos de los ciclos más vastos y ambiciosos abordados por el artista a lo largo de las últimas décadas, y que difícilmente podrían verse en un espacio privado que no contara con las características arquitectónicas de esta galería.

Así, el espectador podrá contemplar reunidas las doce piezas que componen su Zodiaco (1991), magnífica serie de dibujos realizada a partir del encargo de decorar el techo del Pabellón de Andalucía para la Expo del 92, en donde el artista relacionó los doce trabajos de Hércules con los signos zodiacales en un alarde creativo de referencias cruzadas entre mitos y símbolos. Junto a ella, otra serie especialmente destacable es la imaginativa lectura de Los Viajes de Gulliver (2005), que Villalta desarrolló a lo largo de cien ilustraciones por encargo de Círculo de Lectores a mediados de la década pasada.

GPV Visitación,  2003. Grafito sobre tabla estucada. 40 x 54 cm

Completan la selección algunos dibujos sobre tabla inéditos, parafraseando con inesperada ironía determinados momentos de la historia de la música pop; una serie de acuarelas y temples de formato lúdico e irregular; y, entre los distintos ejemplos de pintura que dan un punto de apoyo para esta visión de los logros del dibujo en la trayectoria de Pérez Villalta, explicando las relaciones que se establecen con las imágenes “finales”, se expondrán también algunos de esos recentísimos paisajes con reminiscencias clasicistas, mediterráneas y metafísicas, que le ocupan en la actualidad.

De este modo, el conjunto aspira a describir un arco, si no completo, sí al menos representativo, del origen en los intereses del artista a día de hoy, funcionando como una suerte de mirada transversal por su trabajo del último cuarto de siglo. El contumaz eclecticismo con que se enfrenta a la creación de cada imagen, y en este sentido su continua y sabia relectura de los estilos históricos; su apasionada defensa del ornamento y las artes aplicadas como estímulos para la fantasía o, más exactamente, para el orden de lo imaginario; la atención a las tradiciones, los nombres, las ramas desatendidas del buen gusto oficial; la desinhibición en que iconografía y biografía se entremezclan, primando el placer y el capricho en todo caso; en definitiva: su radical e innegociable independencia estética, sostenida a contracorriente de las modas, quedan al cabo magníficamente representadas en esta selección y montaje, donde se ha intentado que las obras seleccionadas establezcan diálogos sutiles pero firmes que subrayen la gran personalidad de este artífice y su curiosidad universal por todas las manifestaciones del espíritu humano y de la cultura en particular.