Palimpsesto es un proyecto específico concebido para el Palacio de Cristal del Parque del Retiro por la creadora colombiana Doris Salcedo (Bogotá, 1958) que, partiendo de una concepción expandida de la escultura y apoyándose en una rigurosa labor de investigación experiencial, ha desarrollado a lo largo de su carrera un complejo y multifacético trabajo artístico en torno a la violencia política y el sufrimiento de aquellos que han quedado excluidos de unas condiciones de vida digna.

El objetivo de Salcedo, conocida como una de las artistas más destacadas de su generación y que en 2010 recibió el Premio Velázquez de las Artes Plásticas del Ministerio de Cultura español, es contribuir a (re)construir la historia, incompleta y fragmentada, de los seres que habitan en la periferia de la vida. No en vano, esta artista, que suele describirse a sí misma como una escultora al servicio de las víctimas, concibe su obra como una oración fúnebre con la que trata de erigir los principios de una “poética del duelo”. Y lo hace desde la premisa de que solo a través del duelo, que ella considera la acción más humana que existe, se puede devolver la dignidad y la humanidad arrebatadas.

Contextos geopolíticos

En distintos momentos de su trayectoria, Doris Salcedo ha abordado procesos y situaciones de violencia ligados a distintos contextos geopolíticos. Pueden ilustrarlo proyectos seminales como Atrabiliarios (1992-2004), en el que el recuerdo de los desaparecidos se evoca mediante objetos de uso cotidiano que les pertenecieron; series escultóricas de belleza inquietante y estremecedora como La casa viuda (1993- 1995) y Unland (1995-1998); o instalaciones performativas como Noviembre 6 y 7 (2012) o la reciente Sumando ausencias (2016), la Acción de Duelo colectiva que impulsó en la Plaza Bolívar de Bogotá pocos días después de que ganase el “No” en el Referéndum para ratificar el Acuerdo de paz que había alcanzado con las FARC el gobierno de Juan Manuel Santos.

Dos instalaciones recientes de la artista —cuya propuesta habría que situar dentro de la creciente tendencia hacia la ampliación del campo de posibilidades de la escultura— ejemplifican muy bien su mencionada estrategia. Por un lado, Plegaria Muda, con sus mesas invertidas y disfuncionales de las que brotan pequeñas briznas de hierba, un trabajo que nace de un extenso proceso de reflexión e investigación en torno a la imparable espiral de violencia mimética que subyace tras los conflictos fratricidas. Por otro, Shibboleth, la célebre intervención que realizó en 2007 en la Sala de las Turbinas de la Tate Modern de Londres, donde abrió una enorme grieta con la que evocaba la brecha que, adoptando mil y una formas diferentes (y, a menudo, difícilmente reconocibles), sigue existiendo entre el Primer y el Tercer Mundo.

En cierta medida, podemos ver estos dos proyectos como antecedentes directos de la instalación que Salcedo presenta en el Palacio de Cristal. En los tres casos, se trata de obras conceptuales en las que la materialidad adquiere una dimensión simbólica, pero que, al mismo tiempo, el espectador percibe de modo profundamente sensorial, estableciendo con ellas una relación muy física, casi corporal.

 Trayectoria internacional

La obra de Salcedo ha sido objeto de una importante retrospectiva que se inauguró en el Museum of Contemporary Art de Chicago (2015) y que ha estado viajando por otras sedes norteamericanas hasta finales de 2016. Aparte, su trabajo ha sido mostrado en museos y centros de arte de todo el mundo a lo largo de las dos últimas décadas: New Museum of Contemporary Art (Nueva York, 1998), San Francisco Museum of Modern Art (1999 y 2005), Tate Britain (Londres, 1999), Camden Arts Centre (Londres, 2001), Sala de Turbinas de la Tate Modern (Londres, 2007 ), Inhotim Centro de Arte Contemporânea (Belo Horizonte, 2008), MUAC (México DF, 2011), Moderna Museet (Malmö, 2011) o MAXXI (Roma, 2012). Ha participado en numerosas y destacadas bienales internacionales: XXIV Bienal de São Paulo (1998), Trace, the Liverpool Biennial of Contemporary Art (1999), Documenta 11, Kassel (2002), 8o Bienal Internacional de Estambul (2003), T1Triennial for Contemporary Art, Turín (2005). Ha sido merecedora del Hiroshima Art Prize (2014) y del Nasher Prize for Sculpture (2015).