Más vale prevenir que curar… y si hablamos de arte más todavía. Adoptar los medios necesarios para que una obra adquirida mantenga su estado de conservación y no desemboque en un final fatal sin solución alguna es una obligación para el coleccionista actual. Es la única forma de mantener intacto el patrimonio artístico y el valor económico de una colección de arte con el paso del tiempo: “Es muy importante saber lo que pasa con el arte para poder tomar medidas, actuar y proteger nuestras obras. Estamos hartos de ver a coleccionistas prestar piezas sin rellenar un documento de préstamo o sin exigir unas condiciones mínimas y adecuadas para su exposición y conservación”, comenta Cristina López Royo, conservadora-restauradora del equipo de C·ART·A – Conservación de arte actual, mientras hace un repaso global en este curso por las precauciones que un coleccionista debe tomar para evitar daños innecesarios en las obras de arte sea cual sea el entorno en el que se encuentran.

“La principal causa de los daños en las obras de arte vienen de una inadecuada manipulación de las mismas. Un 60% de las reclamaciones de los seguros tienen que ver con pequeños daños en el transporte y manipulación y el otro 40% se reparte entre el resto de causas”. En otras palabras, el 60% o más de los daños producidos habitualmente en obras de arte son evitables tomando medidas sencillas al alcance de todos, “como planificar movimientos seguros y evitar los no planificados, medir accesos, dejar espacios libres para desplazar adecuadamente las obras, usar guantes, proteger las traseras, el uso de bandejas y soportes para mover obras de papel, como fotografías o grabados que no tengan un soporte propio”. En 2004, la aseguradora Axa Art informó de que sus pagos alcanzaban los 3 millones de libras anuales para cubrir daños de obras de arte en tránsito. Hay que tener en cuenta que esta cifra es mayor si consideramos que parte de estas alteraciones no se resuelven con la gestión de la aseguradora sino por la entidad prestataria directamente.

No todas las obras tienen las mismas necesidades, ni tampoco requieren los mismos cuidados. El arte efímero, por ejemplo, no necesita almacenamiento ni embalaje pero su registro es imprescindible porque es lo único que queda de la obra cuando esta desaparece; el arte obsolescente requiere una documentación lo más exhaustiva posible en relación a la elección del medio por parte del artista que no requieren otras técnicas; y la pintura no necesita los mismos tratamientos ni cuidados que la escultura, la fotografía que el vídeo, el dibujo que el grabado, etc. “Sin embargo, sí se puede generalizar en algunas precauciones para cualquier tipo de material, como la estabilidad en las condiciones ambientales, evitar contaminantes y polvo, alejar de la luz solar directa y no introducir en las proximidades de las obras materiales o sustancias nuevas que puedan dañar nuestras obras”.

Hablamos de conservación preventiva, una estrategia que debería ser el día a día de cualquier coleccionista, basada en la planificación y el diseño de métodos y dispositivos para analizar las causas de deterioro de los objetos y colecciones, integrando todas las actividades que implican a la obra. ¿El objetivo? Evitar y minimizar cualquier riesgo controlando y monitorizando factores de riesgo como incendios, vandalismo, robos, manipulaciones erróneas, disposiciones inadecuadas de las obras, biodeterioro y condiciones ambientales como la iluminación, contaminación o microclima. Esto debe aplicarse no solo en los espacios expositivos sino que también en los espacios de almacenamiento, las zonas de tránsito de las obras o en los traslados por prestamos temporales o por cualquier otro motivo.

Se trata de un método sistemático de actuación ordenado que engloba todas las actividades en las que la obra de una colección está involucrada. La aplicación práctica de un plan de conservación preventiva, el control eficaz de ciertos riesgos como condiciones ambientales inadecuadas o daños físicos debidos a la manipulación de los objetos, la adopción de diferentes soluciones, como el correcto diseño de instalaciones o la adaptación del montaje artístico a las exigencias de conservación de las piezas.

“Antes de todo esto, lo más importante es realizar un buen informe de estado de conservación de una obra de arte, sea para su exposición en un entorno privado o con vistas a su integración en una exposición temporal. Debe ser exhaustivo y debe aportar características y datos de la obra que la identifiquen ante los diferentes responsables o personal que vaya a tratar la pieza. A partir de este estudio se puede aprobar o no el movimiento del objeto”.

La documentación de la propia obra de arte es la mejor fuente de información para conocer las características de nuestras piezas y sus necesidades para poder prevenir cualquier incidencia. Puede venir de la galería, del artista o de los profesionales en conservación “y en caso de duda o cuando se presente una situación a la que la pieza nunca antes se ha enfrentado, es necesario consultar con un profesional que le indicará las acciones más recomendables para no tener que reparar daños indeseados”.